BAHÍA DE ALTATA, Navolato._ A doña Faly Alfaro le debo disculpas o explicaciones. Ella se acomoda ese estilo de señoras que rápido conectan por su aura de placidez, sin ruidos estrafalarios, sencilla de platicar y con una generosidad tremenda. En definitiva, sentí pena luego de concluir la degustación en su Restaurante Bahía, porque sólo probé un bocadito de cada uno de los tres platillos que me tenía listos el día al que ahora llamo de la gula, porque, mínimo, cuando estuve en su negocio, ya llevaba el sabor de nueve manjares de otros establecimientos de Altata. Se los voy a guardar para cuando remate sus visitas -me dijo-. “Para que se los coma a gusto y tranquilo en Culiacán”. Pero ya no pude regresar, dado que terminé cansadísimo, ahíto de pescados y mariscos.

 A personas como Faly Alfaro, como Natalia Hernández, Lupita Torres y Anel García, todas mujeres emprendedoras que cuando se pinchan un dedo no dan de grititos pidiendo ayuda, sino que han aprendido a resolver solas determinadas situaciones, me hubiese encantado conocer por aquel año, ya muy añejo, cuando me olvidaron en Altata y tuve que pasar la noche al aire libre, envuelto en la bandera con la insignia del partido político de mis querencias y añoranzas -el PMT-, que en ese entonces tenía a la cabeza a un hombre de sol por corazón, el ingeniero Heberto Castillo. ¡Que se vaya al diablo la revolución!, grite aquella vez frente al mar, llorando de tristeza y soledad.

Restaurante Bahía, ubicado en la Bahía de Altata.

El reencuentro con los recuerdos llegó mientras degustaba unos Camarones a la momia, rellenos -entre otros ingredientes-, con queso y rajas de chile morrón, envueltos con tocino, justo para darles esa apariencia de momias. En la guarnición había brócoli, coliflor y zanahorias al vapor con un toque de mantequilla, además de arroz. Estaban bañados con salsa bechamel, cuya blancura les daban un contraste perfecto. Sobre la bechamel, quisiera decirle a doña Faly que cuento con una receta perfecta, proveída por el chef Hugo Guzmán, espesada con un roux blanco y sin la infaltable presencia de ralladura de nuez moscada. También me sirvieron una espectacular Campechana, cuya preparación y frescura difícilmente podría conseguirse en otros puntos del país, compuesta por camarones crudos y cocidos, pata, almeja chocolate, pulpo, ostión, callo, caracol, mejillones y jaiba.

Campechana.

 El caldo fresco de la Campechana era oscuro y con un sabor muy singular, logrado con la mezcla de caldo de camarón y jugo de pata y de tomate con toque de mar, salsa de soya, limón y picante. El topping con una tenaza de jaiba, fue de decir ‘yo quiero’.

Callos de hacha, un platillo que podría considerarse la joya del mar.

Y si de quereres venía el asunto, en el acabose tuvo que ver un magnífico platón de callos de hacha, como se apenas los hubiesen arrancado del océano, servidos al natural sobre una cama de pepinos, tiras de cebolla morada fresca y limón. Su textura era firme y el sabor los reafirmaba como una auténtica joya del mar. Si las circunstancias se hubiesen prestado, mínimo hubiera regresado por esos deliciosos callos.

Algún día volveré con doña Faly Alfaro para ampliar el agradecimiento por las atenciones prestadas. Y si usted va antes que yo a su Restaurante Bahía, ubicado en cuanto se toma el malecón de Altata, dígale que estamos pendientes. Y es todo. Escríbame: contacto@al100xsinaloa.com

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