Bueno, pues de este tamaño es la sugerencia, porque yo reparé allí tras la invitación de Melissa Javalera, una amiguita con quien comparto aula en la Escuela de Nutrición y Gastronomía de la UAS, tentado a degustar sabores del sur, y al primer bocado dije ajá por efecto de causa, profundamente satisfecho con una ‘costra’ de arrachera y adobada, más otra de chilorio, que fue lo que me sirvieron al llegar.

La ‘costra’ que le digo es de tortilla de maíz con una fina capa dorada de un mix de quesos mozzarella, chester y manchego, hecha al comal, con un crujiente que combina a la perfección con la suavidad del relleno, para el que usan carnes de calidad, como la arrachera, que te deja un flavor espléndido, es decir, el sabor y aroma que se fijan al recuerdo, esa sensación culinaria que sin remedio querrías repetir en una visita posterior.

El recaudo -tanto de arrachera y adobada, como de chilorio-, lo cocinan con un especiado ligero, para dar al cliente la oportunidad de saborizar al gusto con las salsas que preparan, o con los chiles de árbol toreados con aceite y jugo de limón.

Yo me puse una enchilada como Dios dice que debe enchilarse un mexicano, pues no pude evitar darle un mordisco al chile de árbol; y tampoco desprecié una cucharadita de salsa roja con toque de cacahuate que había allí, junto con otra de tomatillos verdes y trozos de aguacate.

Pero cuando me sirvieron, para degustar, el tremendo ‘machete’ con tortilla de harina y un largo de 60 centímetros, más otro ‘machete’ de 30, pero de maíz, llegué a imaginar que iría derechito al infierno por el pecado de la gula. Pero sin embargo les di un ‘entre’ sin problemas de conciencia, maravillado con esta gastronomía que tiene fincado su origen en la colonia Guerrero, de la Ciudad de México, extasiado con los sabores de chicharrón prensado en salsa verde, tinga de pollo, chilorio, cochinita pibil y arrachera. Y deduje: claro que el tamaño importa. Y no tanto por la avidez, sino por la variedad.

Estos ‘machetes’, bajo el recaudo, tienen un manto de queso fundido, con los mismos ingredientes del mix de las ‘costras’, que elaboran a la vista de los comensales. El roce gourmet -que todo lo tiene- corresponde a Christian Zaldívar Rodríguez, quien realiza estudios de Gastronomía en la Universidad Autónoma de Durango.

Y si hay que hablar de sazón y amor por la comida mexicana, el toque lo provee la experimentada cocina de la señora Olga Rodríguez Castillo.

La ‘costra’ sencilla (1 ingrediente) sólo cuesta $25.00, mientras que la especial (carne asada o adobada), $35.00. Los ‘machetes’ pueden ser sencillos, combinados o especiales, de 30 ó 60 cm. Cada quién su gusto.

Y si en su gusto el tamaño importa, los precios son de $65.00, $75.00 y $85.00, respectivamente. Lléguele a los ‘Machetes’, que se ubica por el boulevard Lola Beltrán 3421, frente a la Universidad Autónoma de Occidente, en Culiacán. Y es todo.

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