Probamos el trozo de queso y supimos que la naturaleza iba a inundar todos los sentidos. Por unos segundos, nos vino un vaho extraño, como si estuviésemos en una época ajena al pecado original, al centro de montes espesos y urracas sobrevolando, despreocupadas, con sus plumajes de un azul imposible, donde también había venados de cola blanca, armadillos con sus dientes inútiles, guacamayas verde olivo y tigrillos asomándose por el entramado de las huizacheras.

Habíamos llegado muy temprano a La Higuerita de Amatán, río arriba, por los rumbos de Sanalona, guiados por una suerte de Melquíades moderno, como salido de las páginas de García Márquez, quien suele pregonar su vasta sabiduría para que en pueblos y rancherías no falten los mejores efectos.

Tortillas de maíz hechas a mano y tazón con mantequilla, espolvoreada con chiltepín.

Así llegamos al hogar de Eva Corrales Félix, la hacedora de quesos, que nos puso en un mesón, junto con tortillas del comal, para que diera principio la fiesta del paladar. Los había muy frescos y otros con reposada maduración; y cuando degustamos el primer cacho, nos quedamos viendo a los ojos, maravillados tras aquel bocado revestido con una personalidad tremenda, porque era un queso vivo, elaborado con leche de vacas felices, gracias a las argucias de nuestro Melquíades, el doctor Óscar Lozano, quien propició la siembra de guajes y de muy bien pasto para que se alimentaran, allá, por las inmediaciones del arroyo Vinoramas, que está bordeado de sabinos, higueras y sauces.

Eva Corrales Félix, la hacedora de quesos.

Fue el doctor Lozano quien nos puso al tanto de que estábamos frente a un queso de sello artesanal, y que por lo mismo se trataba de un queso vivo, esto es, que va cambiando al paso de las horas y de los días, un producto que en nada se asemeja al queso inerte que reposa en las vitrinas del supermercado, cuya vida es corta, hecho para el consumo inmediato.

En cambio, el que sale de las manos de Eva Corrales, tiene fuerza y carácter, nace, crece, se fermenta y madura, posee vitalidad, está lleno de sensaciones cuando lo degustas, sabes que tras él hay forrajes verdes y el propio frescor de la naturaleza. Y nosotros pudimos constatarlo, puesto que disfrutamos su consistencia espesa, su grasa con sabor propio; y, por si fuera poco, fuimos impresionados por este queso particular, con incrustaciones de granos de maíz y minúsculos lunares de chile chiltepín. Fantástico.

Los quesos están elaborados con leche de vacas felices, que pastan contentas en un paraje en el que también hay guamúchiles y amapas en flor.

Y para atestiguar el ambiente sustentable donde se nutre el ganado, Lozano y el esposo de nuestra anfitriona, Lorenzo Zamudio, nos llevaron hacia las orillas del pueblo, surcando las aguas del arroyo Vinoramas, y entonces vimos que los animales pastaban contentos, en un paraje en el que también había guamúchiles y amapas en flor. Fue cuando Zamudio nos contó que muy seguido, al amanecer, hace su “pajarete”, es decir, el gusto por beber leche tibia, recién ordeñada. De regreso, Eva Corrales nos tenía listo un tazón con mantequilla, espolvoreada con chiltepín. Y no pudimos menos que agradecer a todos con un abrazo, pues degustaciones así no se dan tan fácil. Y con tal amabilidad.

En las orillas del pueblo está el arroyo Vinoramas.

La Higuerita de Amatán es un pueblo perteneciente al municipio de Culiacán, que se ubica más delante de Carboneras, por la carretera a Sanalona, doblando a la derecha. Lástima que no haya proveedor en Culiacán. Pero usted puede llamar a Eva Corrales por su queso, al número 6671748764. Y es todo. Escríbanos: contacto@al100xsinaloa.com

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