BAHÍA DE ALTATA, Navolato._ ¡Santo Cristo, qué voy a hacer yo solo con este fastuoso banquete!, dije cuando empezó el desfile de platillos, aromáticos y vistosos, que para un grupo de náufragos hubiera semejado el astillero exacto para restaurar apetitos feroces, o que para un condenado del Infierno de Dante estaría a la altura del castigo divino por el pecado de la gula.

 A escasos minutos de haber degustado las jaibas al mojo de ajo y los tacos de marlin de Anel García, y más temprano la machaca de camarón de Lupita Torres, ahora debía debatirme en un duelo de sabores, tenedor en mano, en el Restaurante Long Beach, allí donde la señora Norma Angulo se refregaba las manos en una tela de secar, satisfecha, luego de haber hecho magia en su cocina para halagar el paladar.

 Su hija Natalia Hernández no se estaba quieta, pero ni tantito. Era el exquisito artífice de mi agenda de degustaciones, y ahora tocaba turno a su mesón de orgullos familiares, de ella y de su madre, y del que en vida también se jactara Jorge Faustino Hernández, el patriarca siempre recordado, autor de buena parte del menú del Restaurante.

 Y Natalia se movía cual saeta, convidándome un platillo, enseguida otro y luego más, hasta completar seis, servidos con voluptuosidad y dando las explicaciones debidas, como el Ceviche a la cilantro, que yo probé en el Mar& Sea de Culiacán, a diferencia de que en el Long Beach lo ofrecen con camarón crudo y cocido, más la salsa de la casa.

Filete Manhattan y tostada al cilantro.

 Ah, el Caldo de mero fue de un portento extraordinario, con la fuerza de sabor que provee esta clase de pez, con los trozos de lonja firmes, como debe ser, porque -como dijera el chef Francis Mallmann- no hay nada más triste que un pescado recocido.

Caldo de mero

 Sobre la Vaquera tipo Patagüe, que fue el siguiente platillo, valga decir que salió de la inspiración de Jorge Faustino Hernández, al calor de la necesidad y del ingenio: había hambre y poca carne de bistec, de modo que añadió camarón fresco, abierto al estilo mariposa, cebolla y chile verde, un dejo de salsa de soya y quesadillas de maíz para acompañar. Vendría luego la adaptación para el menú, tras el añadido de tocino frito y especias. A mi banquete se sumó un Pargo sarandeado que casi coleteaba, recién sacado de la Bahía, salpimentado, potenciado con salsa negra, aderezo de mayonesa con mostaza y llevado al horno.

Pargo sarandeado que casi coleteaba, recién sacado de la Bahía, salpimentado, potenciado con salsa negra, aderezo de mayonesa con mostaza y llevado al horno.

 Tocó después degustar la Tostada pachoncita, que con su nombre se delata: la preparan con pulpo, callo de hacha, camarón y carne de jaiba, es decir, la reunión de cuatro proteínas sin timidez, unificadas con salsa de ostión, jugo a base de tomate y toque de mar, más una salsa negra de orden secreto y topping de aguacate.

Tostada pachoncita.

 Estaba casi ahíto por tanta delicia, pero no me pude contener ante el Filete Manhattan, una especialidad tremenda de diversas capas, donde había cebolla y champiñones, machaca de camarón y de marlin, filetes, camarones a la plancha y un final crujiente y feliz de queso al gratín, concluyendo en un platillo irresistible, con tortillas de maíz al comal.

 Fue un agasaje la visita al Restaurante Long Beach, gracias a la generosidad de sus anfitrionas, a quienes agradezco en la distancia. Y a la periodista navolatense, Juanita Pérez. Visítelo. Se ubica en cuanto se toma el coqueto malecón de Altata. Y es todo. Escríbame: contacto@al100xsinaloa.com

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