Fui al Bistro Miró del centro y me gasté 160 pesos en un desayuno sin sorpresas. Es cómodo el sitio. Dígase, incluso, que muy acogedor, respetando someramente el origen de este tipo de establecimientos en la vieja Francia. Es casual, con un servicio relajado, provisto de una ambientación contemporánea confortable, donde siempre he visto con buenos ojos que cuelguen de sus paredes obras plásticas originales.

Esta ocasión, porque acudí a temprana hora, tuve la fortuna de recibir una atención aceptable, porque se ha dado el caso en otras visitas con más clientela y justo el servicio no ha sido para aplaudir, poniendo en duda la génesis del término bistro por aquella época de guerra napoleónica, cuando los rusos gritaban ¡bwystra!, es decir, ¡rápido! Pero hace mucho que los bistros traspusieron las fronteras francesas y se han adaptado a los estilos de vida según donde se encuentren, y como en Sinaloa somos muy dados a regionalizar, por ejemplo en el menú (me encantaría decir “carta”, que es lo más adecuado) y de repente te hallas frente a un omelette con un tazoncito de frijoles negros a lado, coronado con queso fresco de rancho.

Desconozco quiénes sean los propietarios de la firma Bistro Miró en estos días, pero hace años conocí a una pareja -supongo que los dueños originales- y quedé prendado de su generosidad, en la recepción que se le hizo al escritor Arturo Pérez-Reverte en el Bar Tío Pepe, de Ulises Cisneros.

Fui al Bistro Miró y, como siempre, pedí el té de canela y manzana que sirven allí, de una marca que francamente halaga el paladar. Café no, porque suelo tomarlo muy temprano en casa, aunque sé que el de este restaurante tiene buena fama, ahora un poco rebasado habida la moda de los Starbucks, que no suelo frecuentar.

Revisé la carta de desayunos y vi que ofrecen huevos benedictinos con salsa holandesa, que ya probaré en otra ocasión. Opté por el Omelette Bistro relleno de queso de cabra, bañado con salsa pasilla (esto del uso del chile pasilla es parte de la regionalización), que justo de guarnición traía los frijoles que ya le dije, más unas papas horneadas con hierbas finas y aceite de oliva. A decir verdad, el emplatado podría mejorar mucho.

El Omellete Bistro es ligero, con un queso de cabra muy cremoso y una salsa pasilla sin picor, más bien dulzona, por la presencia de azúcar, vinagre y jugo de naranja. Y no desagrada. Pero tampoco sorprende. Y la guarnición de los frijoles negros, como que desentonan, desequilibran. A decir verdad, del conjunto del platillo, si un sabor me ha quedado guardado es el de las papas,

cocinadas perfectas con toques de albahaca seca, sal y aceite de oliva, que se quedan jugando en el paladar cuando las consumes. Y por absoluta curiosidad, pedí que me sirvieran una mimosa, cuya combinación original es con jugo de naranja y champagne, cambiado por vino blanco. Pero qué se le puede exigir a una bebida de 40 pesos. Aceptable.

De cualquier modo, el Bistro Miró del centro es un excelente sitio para degustar platillos a precios asequibles, con un patio precioso, previsto de mesas. Acogedor. Se ubica por la calle Rafael Buelna Tenorio No. 47, en el primer cuadro. Visítelo. Y es todo. Escríbame: contacto@al100xsinaloa.com

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