El sol espejeaba sobre el mar y en los ojos claros de Anel García, cuando apareció un muchachito de piel dorada, con ese tono que provee una vida a cielo abierto. Quería saber si a mi contertulia le interesaba comprar aquellas jaibas que se movían inquietas, de un lado a otro, en la panga que había dejado asida de un estacón.

Ella le dijo que después, porque me estaba contando de sus tiempos con los pies clavados en la arena, a veces con el agua hasta los tobillos, por los días de enramada de mangle sobre la falda del océano, donde desde los 13 años había empezado su oficio de mercader de sabrosuras marinas, hasta que un líder visionario mandó edificar el vistoso Corredor Gastronómico Muelle 33, donde ahora Anel tiene su negocio, airado y confortable.

Corredor gastronómico Muelle 33, donde está el restaurante Mariscos García.

 Llegué allí en compañía de Natalia Hernández, una dama joven y guapa, simpatiquísima y solidaria, con quien me enganché gracias a las relaciones y bondad de Juanita Pérez, periodista de Navolato; y fue justo Natalia Hernández quien me armó la agenda de degustaciones, que empezó con la machaca de camarón en el Restaurante Sobre las Olas, de la sonriente Lupita Torres, nada más y nada menos que la Presidenta de la Unión de Restauranteros de Altata, de modo que cualquiera puede imaginar el cuadro de finas atenciones que recibí desde el primer momento. Por supuesto que Anel García no fue la excepción, mujer de conversar ameno y de mirar vivaracho y bailarín.

Michelada con chamoy y polvo de chile, acompañada de dulce de tamarindo.

 Bien no soltaba la mano de presentación a la propietaria, y ni ella dejaba de bailar los ojos, cuando trajeron una despampanante y colorida michelada, con las orillas del copón bordeado de chamoy y polvo de chile Tajín, rodaja de limón y un camaroncillo coquetón, más una tira firme, atravesada, de dulce de tamarindo, que nombraron como “tarugo”.

Aún no desaparecía el gusto del primer sorbo, cuando pusieron ante mí tres quesadillas de marlin, guisado con cebolla blanca, chile poblano y un punto de mantequilla, pero dando preponderancia al dejillo natural de la proteína, cuya suavidad y fuerza de sabor hacían toque con una cama de queso chihuahua derretido, en tortillas dobles y doradas al comal. Por guarnición, había lechuga, tomate, cebolla morada y rodajas de naranja. Y además sobre la mesa, una deliciosa ensaladilla de col con zanahoria, lechuga, pasas y aderezo.

 

Quesadillas de marlin, guisado con cebolla blanca, chile poblano y un punto de mantequilla.

Imagino que aquel muchachito de piel dorada conocía lo que se mueve en la cocina de Anel García, donde todo es fresco, casi de la pesca diaria, como las jaibas vivas que llegó a ofrecerle, y que a mí me las prepararon al mojo de ajo, con mantequilla, julianas de cebolla blanca y salsa de ostión.

Está perfectamente dicho que todo aquel que busca un buen sabor para sus platillos, se obliga a utilizar los mejores ingredientes. Creo que Anel García cumple a cabalidad el cometido, porque esas jaibas al mojo de ajo estaban espectaculares, incluido un emplatado de sutil teatralidad, con las tenazas como si quisieran morderte, y que las puedes abrir y degustar como quien ama muy lentamente.

Jaibas al mojo de ajo.

La michelada que le dije tiene un valor de $50.00; la orden de quesadillas de marlin, $120.00; y las jaibas al mojo de ajo, $80.00. Visite Altata y vaya a Mariscos García en el Muelle 33, en los locales del 9 al 11. Y además goce con el canto de Anel. Y es todo. Escríbame: contacto@al100xsinaloa.com

Quizá te interesa: La Ruta del Paladar: Sobre las Olas

¿Te gusta nuestro contenido? Ayúdanos a compartirlo y síguenos en facebook @JoyCBV  donde descubrirás algo nuevo cada día. 

Facebook Comments

Etiquetas: , , , , , , ,