Desde hace una década, doña María Esther García Altamirano envía a través de las cocadas, el sabor de su comunidad a diversos lugares.

La necesidad de recursos para mantener a su nieta, la llevaron a ver en el coco una alternativa para tener una actividad económica y lo encontró en el coco que llegaba a su comunidad.

El que a veces se dejaba o que encontraba, así observó cómo se hacían las cocadas y empezó a elaborarlas.

Es un proceso laborioso, indica, hay que sacar el coco de la cáscara seca y rallarlo, para después pasarlo a una olla donde lo deberá estar meneando.

“Se empieza a menear, a que tenga consistencia, no le echó azúcar, sólo lechera, después ya fría formó la cocada y las mando a Escuinapa a vender”, dijo.

A veces el coco escasea, batalla, pero le busca pues tiene una hija-nieta de la que se debe hacer cargo y este dulce es el sustento que las mantiene, manifiesta.

Cada cocada cuesta 7 pesos, informa, las hace de colores pero principalmente usa el rosa.

Esta actividad la mantiene ocupada, pero principalmente hacerlo le da vida y optimismo, indicó doña María Esther.

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Información: Carolina Tiznado

 

 

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