Sinaloa aún guarda muchos secretos ocultos  que pueden dejarte maravillado, uno de ello es El Nío, un olvidado pueblo colonial en dónde se encuentran las increíbles ruinas de una antigua misión Jesuita.

A solo 8 kilómetros de Guasave, se encuentra este pequeño poblado llamado Nío. Cuenta la historia que este fascinante lugar fue alguna vez el centro  de una gran concentración religiosa, considerado el primer sitio en que los Jesuitas se asentaron en la región en 1591.

La misión del Nío fue fundada a finales del siglo XVI durante el auge de la evangelización Jesuita, periodo en el que se construyeron en total cinco iglesias en las cercanías de los ríos Sinaloa y Petatlán, las iglesias de Pueblo Viejo, Sinaloa, Nìo, Guasave y Tamazula.

Estas construcciones eran reproducciones de las basílicas romanas, caracterizadas por sus tres naves, las cuales fueron edificadas con ladrillo cocido, un material desconocido en la zona durante esa época.

Desafortunadamente, tras la expulsión de los Jesuitas en 1776, algunas de estas iglesias quedaron abandonadas o inconclusas, reduciéndose a ruinas por el paso del tiempo y las condiciones climáticas de la zona.

Hoy en días, es un sitio perdido en el  tiempo, con antiguas casonas y prados verdes  cercanos al río, al que puedes escaparte un fin de semana, admirar la belleza de las ruinas, conocer la historia que les rodea y disfrutar  la gastronomía y paisajes del lugar.

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Fotografía: Internet

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