Con la cruz juramentada como garantía de verdad sobre lo que aquí se dice, fuimos a la Taquería Montebello en plan Sherlock Holmes queriendo saber por qué casi nunca le faltan clientes, fuera de que se ubique en un buen corredor comercial. Y conste que no podían jugarnos el dedo en la boca, puesto que todos somos expertos en tacos y hasta damos conferencias a la primera, opinando sobre la mejor forma de asar carne, variedad de salsas y cómo partir un aguacate; incluso somos capaces de dictar cátedra respecto a la manera más conveniente de agarrar un taco. También sabemos que en Sinaloa hay que echarle queso a las quesadillas.

Y como concluimos que en la Montebello había un taco encerrado (no un gato), fuimos a conocerlo, a que el misterio se deslizara por nuestros paladares.

Mirábamos las luces de la ciudad, situadas a cuarta y quemón, cuando en eso llegó a nuestra mesa Eduardo Lizárraga Osuna, el encargado, un tanto alerta porque no tenía claridad sobre lo que pretendíamos, dado que tampoco se lo explicamos bien al primo Germán Zambada, que fue nuestro contacto.

Y cuando le dijimos que nada más éramos unos recatados gambusinos tras el oro de nuestros platillos gastronómicos, sin costo, a partir de entonces ya ni lo nombramos como Eduardo, sino como Lalo, porque a él se le dibujó una sonrisa y nos abrió la puerta de la confianza. Qué les sirvo, pregunto. De lo que te sientas orgulloso, respondimos. Y a Lalo se le iluminó el rostro.

Hablábamos sobre la albahaca italiana y de la madre que la parió, justo en el minuto del desfile de viandas: órdenes de tacos de carne asada, papas gratinadas y lo que sería el platillo estrella de la noche: la Culichi Town. Para esas alturas del partido, ya estaban escudriñadas las salsas y demás, a elección para degustar los tacos, que vimos como buenos, hechos con unas tortillas del comal muy suaves y delgadas.

Papa gratinada con queso, crema, mantequilla y carne asada.

Fue de agradecer la papa gratinada, con queso, crema, mantequilla y carne. Pero cuando probamos la Culichi Town, de súbito supimos que era el “taco encerrado” y nos atrapó el alma alegre del programa de TV del cual tomó su nombre, conducido por el Primo German; una Culichi Town muy atractiva a la vista, cocinada a partir de una tortilla del comal más amplia y gruesa que las demás, ligeramente dorada al carbón, que vino a ser la primera capa de sabores y texturas.

Tacos de carne asada

 Esa capa crujiente de tortilla de maíz impregnada de la fuerza de los asientos de puerco (su consecutivo nivel), perfectamente equilibrados con queso Chihuahua derretido encima, esto es, la cremosidad haciéndose presente en la tercera capa, con un siguiente ras compuesto de papa cocida y martajada, cuyo sabor imparcial es seductoramente invadido por el queso y los asientos, al tiempo de proveerle fortaleza a la estructura del platillo, acaso un terraplén gastronómico donde descansa una generosa porción de carne asada de res, con un topping de brunoise de cebolla morada, repollo picado y salsas, que nosotros coronamos con pico de gallo y guacamole de la casa. Riquísimo.

Taquería Montebello, en avenida Montebello No.31, frente a las oficinas de la SSA, en Culiacán.

Esta delicia es de Lalo, ideada para los 15 años de su negocio, en marzo de este año. Y le puso Culichi Town en honor a su amistad con el Primo. Pídala en la Taquería Montebello, en avenida Montebello No.31, frente a las oficinas de la SSA, en Culiacán. Y escríbanos: contacto@al100xsinaloa.com

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